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jueves, 25 de diciembre de 2008

Las fiestecitas de marras

No me gusta la Navidad, no por moda, como ya he leído por ahí en varios sitios, que parece que es lo que se lleva, sino porque simplemente me parece, aunque suene a tópico, que tanta felicidad por obligación, buenas intenciones porque es la época, deseos de prosperidad hasta en la sopa, me parece de una hipocresía que roza el absurdo.

Pero me toca jugar al juego, como a casi todo hijo de vecino, y he de reconocer que este año la Nochebuena la he disfrutado mucho. Hemos sido los de siempre, sólo ha faltado mi enana, que como ya saben los habituales vive en Brasil con su madre, y el ambiente ha sido francamente majo. Buenas conversaciones, buen humor, muchas risas y la interacción cada vez mayor con los peques, mi hijo y mis sobrinas, que se hacen mayorcitos y permiten que no haya que estar todo el tiempo pendientes de que no hagan trastadas. Aun así, la menor aún conserva casi toda su inocencia (lo de casi da, no para un post, sino para un blog entero) y haber tenido la oportunidad de verla cuando ha descubierto que Papá Noël ya había dejado los regalos en la terraza es algo que no se paga con dinero. Algún día hablaré de ella, ya que mi hermana no se decide a abrir un blog.

Además, como guinda, la madre de mi hija ha solucionado por fin el problema que tenía con la web cam y hemos podido hablar por vídeo-conferencia con ella. No la veía desde hacía casi dos meses, desde que regresé de allí sin billete de vuelta, y ha sido mi mejor regalo de Navidad. La semana que viene cumple dos años.

Y como creo que desear el bien de tus amigos no tiene nada que ver con el espíritu navideño, os deseo a todos que os divirtáis todo lo que podáis y que el año que viene trabajéis menos, ganéis más y seáis muy felices.


Os dejo con Elvis cantando "Blue Christmas" en el Comeback Special de 1968. No me diréis que no es mejor que el de los peces que beben y beben, y vuelven a beber.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Tocado y hundido

Esto que sigue es el post que ha estado hibernando una temporada. Finalmente he decidido seguir adelante con el blog, y asumir las consecuencias, para bien y para mal, que tampoco voy a seguir la táctica del avestruz.

Lo escribí el 10 de octubre, ya llevo un par de semanas de vuelta en España. Empezando de cero, otra vez. Otra vez.


Yo pensaba que las cosas no podían irme peor, iluso de mí. Las cosas siempre pueden empeorar, y ya debería de irme enterando de eso.

A todo lo ya contado aquí en entradas anteriores, ahora se suma el hecho de mi ruptura con
mi mujer. Por un mínimo sentido de corrección, no voy a dar ni un solo detalle de las circunstancias de la misma; sólo decir que la situación ya había llegado a límites difícilmente superables. Eso supone que tengo que hacer las maletas y volver a casa, no hay otra salida posible en las circunstancias actuales. Me he quedado sin recursos por causas que no vienen al caso, pero sobre las que también di detalles en otra entrada. En otro caso, si me hubiese conseguido radicar aquí, si el proyecto hubiese funcionado, me quedaría, obviamente.


Sólo yo sé lo que he luchado por intentar reconducir la relación, por pulir los detalles que habían hecho que la misma degenerase en lo que hoy es, pero me he estrellado una y otra vez, y ahora, después de una primera fase de negación, de no querer aceptar la realidad que tenía ante mí, acepto con resignación que se acabó. Hay que saber perder con clase.

Sólo me queda resolver unos asuntos burocráticos para cuando vuelva de visita entrar con la residencia permanente. Porque volveré de visita. Dejo aquí a mi hija de veintiún meses, y eso ya me cuesta mucho más aceptarlo. Separarme de ella ahora me rompe el alma, sólo pensarlo hace que sienta cómo algo me aprieta el pecho y me impide respirar con normalidad. Es mucha la impotencia y la rabia que se sienten cuando irremisiblemente te ves abocado a verte despojado de la presencia diaria de lo que es una de tus razones de vivir.

Hasta enero de 2010 no puedo reincorporarme a mi puesto de trabajo, del que estoy de excedencia, así que durante este año y pico voy a tener que agarrarme a un clavo ardiendo y buscar trabajo de lo que sea, que los intereses por los número rojos me comen por los pies. Mala suerte hasta para eso, buscar un hueco en el mercado laboral en una época con tasas de paro como no había desde hace mucho tiempo. Tengo que intentar hace gala de una moral de hierro y mentalidad positiva, no dejarme vencer por los elementos, y salir a flote a pesar de todo. Ayuda por parte de mi familia sé que no me va a faltar, y eso ya es mucho terreno ganado.

Intentaré actualizar cuando pueda, pero supongo que no me va a quedar otra que tener el blog un poco abandonado, a mi pesar. Espero poder contar alguna alegría pronto.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Para Daniel

El primer cumpleaños que paso separado de ti. No sabes cuánto te estoy echando de menos, especialmente hoy, en que tantos recuerdos me vienen a la memoria. Doce años ya, todo un hombrecito ¿eh? Aunque no lo celebre contigo, voy a brindar con una cervecita, porque a fin de cuentas también hace doce años que soy padre. Pues eso, salud, por nosotros.

Quiero recordarte que estoy muy orgulloso de ti. Nunca me has defraudado, excepto por esos pequeños lapsus de memoria (por ser suave) que a veces tienes. Pecata minuta. Eres el hijo que cualquier padre querría tener. Bueno, uno muy futbolero tal vez no, pero yo me conformo de sobra.

Siempre has sido muy maduro para según qué cosas, y nunca se me olvidará la entereza con la que llevaste mi salida de casa. Eras bastante más chiquitín (de edad, porque seguro que a estas alturas -juego de palabras malo- ya me has pasado la cabeza), pero te comportaste de manera ejemplar.

Las circunstancias me han llevado a forjarme una nueva vida muy lejos de ti. Ten siempre presente que todo lo que estoy haciendo es pensando en ti y en tu hermana. Tengo mucha ilusión en los proyectos que estoy llevando a cabo, y deseo que pronto puedas ver con tus propios ojos el fruto de tantos esfuerzos y desvelos.

Que tengas una buena entrada de curso en esta nueva etapa de instituto. Sé que tienes capacidad de sobra para conseguir lo que te propongas, pero no hace falta que te recuerde que tú eres tu único obstáculo.

A por ellos, que son pocos y cobardes.

viernes, 29 de febrero de 2008

Ocio, asistentas, bichos.

Sigo disfrutando de mis vacaciones. Después de unos días de tener que apechugar en el cuidado de la casa y de la niña (no mucho, la verdad), y ya con empleadas nuevas, retomo mis ocupaciones. Estoy exprimiendo el contenido de mi disco duro multimedia de 500 Gb -bendita compra, música, pelis y fotos en un aparatejo que ocupa lo que un libro-, internet cuando Joe no tiene ocupado el portátil para trabajar, lectura -voy por la décima novela de misterio-, piscina. Muy duro todo, la verdad, pero siempre fui muy sufrido.

Esta vez las empleadas han venido por agencia. Es todo mucho más limpio. Más impersonal, es cierto, pero con muchas más ventajas, que ya se sabe que la confianza da asco, y eso de que una amiga te recomiende a una familiar que bla, bla, bla, ha quedado demostrado que no funciona. Están a prueba, y si no quedamos satisfechos tenemos derecho a devolución. Como otro producto cualquiera. De momento la niñera me gusta mucho, además trabaja muy bien (sí, es un doble sentido, no le déis más vueltas).

De vez en cuando me doy de bruces con la realidad de donde me encuentro. El otro día mi cuñado oyó un ruido debajo del capó del coche. Será un gato, pensé. Abrió el capó y lo que vimos fue ¡un camaleón! Lo hemos adoptado y ya son dos las mascotas que tenemos, junto con un pollito que le regalaron a mi hija. Cuenta la tradición nordestina que estos bichos tienen alguna extraña facultad que ayuda a los bebés a decir sus primeras palabras. Una superstición como otra cualquiera, pero casualidad o no, ayer la niña dijo su primer "papá" claro como el agua.

martes, 7 de agosto de 2007

Cosas de niños




Conversación entre mi hijo Daniel, de diez años y mi sobrina Paula, de siete, mientras jugaban a sus respectivas Nintendos:



Paula: Ya no tengo huevos para seguir jugando.



Daniel (escandalizado): Paula, no deberías ser tan mal hablada. Di cataplines, por ejemplo.



Paula: ¿Qué es lo que no puedo decir?



Daniel: Huevos, es una palabrota.



Paula: Es que ya no me quedan huevos en la pantalla que seguir recogiendo, y no tengo más vidas.


sábado, 21 de julio de 2007

De paternidad

Hacía mucho tiempo que no me sentía tan pletórico como ayer por la tarde. Mi hija Marina había estado un día y pico sin verme, por culpa de los horarios de trabajo, y cuando llegó a casa con su madre y me vio parecía que hacía meses que habíamos estado separados. No se puede explicar lo que fue capaz de transmitir una pequeñaja de seis meses, lo que consiguió hacerme sentir. Yo por lo menos no soy capaz de explicar con palabras la alegría con la que me recibió.
Ese momento fue suficiente para que compense el esfuerzo de toda una vida. Ayer volví a covencerme de que no hay experiencia que se pueda comparar a la de ser padre.


jueves, 12 de abril de 2007

Sacarino

Sonando


Sí, amigos, me he convertido en un sacarino de la noche a la mañana. O en un hombre light, como prefiráis. O sea, que endulzo, pero no engordo. Que me he hecho la vasectomía, vaya.

Lo tenía muy claro: cuando naciera Marina, no perdería más tiempo del necesario para pedir cita al urólogo para la intervención. Total, si tenía claro que no iba a tener más hijos. Ya tengo dos, el mayor, Daniel, diez años, vive con su madre, y la peque, la gordi, la pejiguera de Marina, tres meses.

Y basta. Ya no (man)tengo más. ¿Con el precio de la vida? Anda ya. Y que conste que me encantan los críos, me chiflan. Pero hay que ser un pelín pragmático, que un sueldo no da para tirar adelante, y trabajando los dos, mucho es criar una enana, dadas las circunstancias. Que si entro en detalles, todavía me hacéis la ola, y el que sepa algo sobre pensiones alimenticias me dará la razón.

El caso es que pedí cita a un urólogo que me recomendaron un par de compañeros de trabajo. No sé qué tal serán otros, pero este es un fenómeno. Diez minutos de operación, cuando normalmente son entre cinco y siete. Pero mira tú la casualidad, que justo ese día había espectadores. Un colega de especialidad de mi médico fue el culpable de que el trance se estirara algo más de la cuenta. Creo que quería ver in situ la técnica empleada por el tocapelotas de turno. Y pareció asombrado cuando me vio salir como una rosa camino de la salida de la zona de quirófanos, con mis bolsas con la ropa y los zapatos en una mano y la otra intentando que la bata abierta por detrás no me dejara el culo al aire. Que eso sí, el que haya pasado por el quirófano alguna vez, ya sabe que la dignidad se la tiene que dejar en casa.

Todo esto ha sucedido mientras Joelma sigue en Brasil con la niña. Había pedido cita calculando que ya estarían aquí, pero algunas circunstancias las han obligado a quedarse con mi familia política unos días más, y si no hay novedad, mañana por la tarde llegarán a casa. Eso significa que llevo dieciocho días sin ver a Joelma. Me operaron anteayer. Hoy he ido a la consulta para control. Todo perfecto, espermograma en tres meses para confirmar presencia cero de espermatozoides (por fin he sabido la diferencia entre esperma y semen), ropa interior que "sujete" durante dos semanas y... abstinencia durante nueve días. No sé, pero me veo durmiendo en el sofá. O tomando duchas frías.

martes, 9 de enero de 2007

Nació Marina

Sonando


Vaya forma de empezar el año. Joelma empezó con contracciones el mismo día 1 por la tarde. Lo primero que pensó fue que las gambas de Nochevieja se estaban peleando con los mejillones del almuerzo, pero cuando vio que los retortijones eran cada tres minutos, nos fuimos al hospital porque parecía claro que la niña venía de camino diez días antes de lo previsto.
Treinta horas de parto, veinte de ellas en la sala de dilatación, ella monitorizada y yo vestido de verde, para al final de ese calvario -para la madre, claro- no poder terminar de dilatar, y pasar al plan B, o sea, cesárea.

Pero todo salió bien. Bueno, Marina -que así se llama la susodicha- salió por donde no estaba previsto, pero salió, que es lo que cuenta. La madre baldada porque la cesárea fue bastante agresiva debido a las dimensiones de la niña, que pesó 3630 gr., pero está recuperándose perfectamente.

Nació a las dos horas y dieciocho minutos del día 3, y a las dos y veintipico minutos ya la tenía yo en brazos, sin lavar ni nada, envuelta en una especie de cucurucho de papel de aluminio. El enfermero que me acompañó a la habitación, después de darme unas instrucciones de manejo básicas, de palabra, nada de manual en siete idiomas diferentes, respiró aliviado cuando le contesté que no era mi primer hijo. Debe haber visto cada cosa...

Dos horas después ya estaba Joelma en la habitación, que comenzó a darle el pecho todavía medio grogui. Durante esas dos horas de espera estuve mirando a mi hija, y durante un buen rato mirándonos -ambos- a los ojos. Con minutos de vida mi hija me miraba a los ojos, con unos ojazos preciosos. Toda ella es preciosa, y no es amor de padre.
Al cuarto día ya les daban el alta. Yo tenía entendido que cuando el parto es por cesárea, el alta no se recibía hasta los cinco o seis días, si todo iba bien. Pero los tiempos cambian, y con ellos las ideas de los médicos. Cuando antes había que reposar por lo de los puntos y demás, para una mejor recuperación, ahora resulta que hay que moverse, y cuanto más mejor. No se me olvidará la cara de Joelma cuando el mismo día del parto, una matrona le dijo que tenía que levantarse para ir al baño. Se la quedó mirando incrédula, pero se levantó, vaya si se levantó, sobre todo cuando le dijeron que cuanto más se moviera antes se recuperaría.
Siempre nos quedará el recuerdo de una cantidad enorme de visitas en el hospital -unas cincuenta personas entre familiares y amigos-, cargadas con muchísimos regalos, y del personal de la planta de maternidad del Hospital de Son Llàtzer, en Palma de Mallorca. Nuestra gratitud a todos ellos.

martes, 31 de octubre de 2006

Ese señor

En mi trabajo hago turnos, mañana o tarde. Por esos cúmulos de casualidades, necesidades del propio servicio, compaginar trabajo con formación, etc., llevo varias semanas seguidas con turno de tarde.

Mi hijo, de diez años,
vive con su madre, para variar. Últimente sólo lo veo los fines de semana alternos que me corresponden. Entre semana, imposible. Tengo que cambiar el turno, y eso supone pedir favores en un departamento donde somos muy poca gente.

Mañana (día de fiesta, y tengo libre) llegan de viaje mi madre, mi hermana y sus dos hijas. Me hacía mucha ilusión poder recoger al niño y comer en familia, con ellas, mi cuñado y la gordi (está de siete meses) de mi mujer. Tampoco va a poder ser. Su madre "ya tenía planes".

Quiero obligarme a pasar todo el tiempo que pueda con él, el tiempo corre que se las pela, como decía en otro post, no quiero perderme su infancia, no quiero que me vea como a un señor que se lo lleva una tarde de vez en cuando o a pasar fines de semana durante los que, por desgracia, no puedo permitirme según qué excesos. Que estoy canino desde que me separé, que salí de mi ex casa con lo puesto.

Y luego me cuenta que con su madre y la nueva pareja de ella van y vienen, viajes, esquí, va al cole en un Mercedes SLK, y no puedo evitar sentir mucha impotencia por no poder seguir el ritmo que ha cogido, ni de lejos, que tengo que sacar la calculadora hasta para ir al cine.

Y dentro de nada, cuando menos me lo espere, ya me lo veo diciéndome "jo, papá, este finde había quedado con los amigos para ir de acampada", o "esta tarde voy a estudiar a casa de Nuria", o sencillamente se inventará alguna excusa. Y será normal.

Espero que al menos, de vez en cuando, me avise para tomar unas cañas si pasa cerca de mi casa.