Hace cinco meses que soy de nuevo un hombre casado, y me siento completamente pleno junto a mi mujer. He tenido la inmensa suerte de encontrarla, o de que me haya encontrado, el caso es que parece como si nos hubiésemos estado reconociendo más que conociendo. La horma de mi zapato, mi media naranja, mi alma gemela (¿dónde te habías metido todo este tiempo?).
Es músico profesional, mi vocación frustrada toda la vida ha sido tocar algún instrumento, y gracias a sus ánimos, y a que me regaló una guitarra a los pocos
meses de conocernos, ya soy capaz de acompañarme cantando y tocando alguna que otra pijadilla facilona. Estoy disfrutando como un enano con las curvas de las chicas de aquí a la izquierda. No pasa día sin que nos descacharremos de risa por las cosas de lo más absurdas, tenemos esa conexión especial que te permiten reírte de las mismas chorradas. En fin, una maravilla. Para colmo su hijo es un encanto de chico, un niño muy inteligente, muy especial.A mi regreso de Brasil, me reincoporé a mi puesto habitual al servicio de la comunidad, con funciones un tanto distintas pero igual de gratificantes (de las frustraciones ya ni hablo porque después de tantos años uno hace callo).
Terminaré la entrada de mi vuelta al mundo blogueril con una reflexión. Hay que vivir cada día como si fuese el último, disfrutar de la vida sin concesiones, dejar las preocupaciones banales a un lado -a ver si me aplico el cuento-. Hoy me he llevado uno de los mazazos más fuertes que recuerdo. A un amigo, compañero de promoción, de mi misma edad, le acaban de diagnosticar un cáncer con muy mala pinta. Estamos aquí de paso, y no sabemos hasta cuándo. No lo ovidéis, por favor.


