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lunes, 14 de abril de 2008

Una ocasión de oro (bueno, otra)

"Las locuras que más se lamentan en la vida de un hombre son las que no se cometieron cuando se tuvo la oportunidad".

Helen Rowland, periodista y humorista estadounidense (1875-1950)

Estoy bastante excitado por una serie de circunstancias relacionadas con el proyecto en que me encuentro embarcado. Tuvimos que desistir de la idea original, pero cuando una puerta se cierra, otras se abren, y en este caso de par en par.

Mi mujer y su hermana, y socia mía, tienen un conocido de la infancia que trabaja en el corazón del centro histórico, el Pelourinho (declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), de Salvador. Precisamente por la naturaleza de su trabajo es un relaciones públicas nato, y se ha prestado a apadrinarnos apasionadamente. Sólo adelantaré que tenemos en agenda una reunión con Carlinhos Brown.

Espero que esta sea la definitiva. Los vientos parecen favorables, incluso técnicos del Estado de Bahía a cuyos departamentos corresponde la gestión del centro histórico se muestran muy interesados en la idea; no en vano, si todo sale bien, vamos a revitalizar una de las plazas públicas, actualmente en un estado de total abandono.

Pero no voy a entrar en detalles, por eso de los gafes. En breve, más novedades.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Difícil decisión

"El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad".

Victor Hugo, novelista francés (1802-1885).

Pocas decisiones como la que acabamos de tomar Joelma y yo le cambian tanto la vida a una persona. Después de mucho sopesar pros y contras, ha dado el sí a una oferta de trabajo muy tentadora. A la empresa le urgía una respuesta casi inmediata, así que ha sido difícil decidirse. Está a punto de quedarse fija en su actual trabajo, en un gran grupo empresarial con presencia en todo el mundo, con perspectivas de futuro, realizándose profesionalmente cada día. Yo soy funcionario, con todo lo bueno y lo malo -que también- que ello conlleva. También soy monitor de la plantilla en cierto aspecto técnico de mi trabajo, con lo que me saco un extra que viene muy bien.

Pero nos hemos decidido. Nos vamos a vivir a Brasil. Joelma va a ocupar un cargo directivo en Salvador de Bahía, precisamente su ciudad. Un cargo de mucha responsabilidad, pero bien pagado -no como ahora- y participante de la sociedad del grupo que la ha contratado. Traslados y vivienda a cargo de la empresa. Muy, muy tentador.

Está previsto que nos vayamos la segunda semana de enero, y estamos en plena y frenética carrera contrareloj para desconectar todos los cables que nos mantienen vinculados de algún modo a este "mundo": casa, coches, trabajo, contratos, etc., etc. Cables que deberán volver a conectarse al otro lado del Atlántico.

Lógicamente lo que más voy a echar de menos es a las personas, muy especialmente a mi hijo -vive con su madre, mi primer
a esposa-, que se tomó la noticia, a sus once años, con la madurez que le caracteriza, tan impropia de su edad. Mi madre, hermana y sobrinas, mi abuela, los amigos... Será muy difícil, lo sé, pero pensamos que la ocasión merece la pena. Tenemos la esperanza de que vaya a ser algo así como una inversión de tiempo para un futuro mejor, el nuestro y el de la niña. Una ventaja importante es que la peque sólo tiene once meses, con lo que un posible problema de adaptación está descartado.

Sea como sea, hay mucho que ganar y muy poco que perder. A la vuelta de dos años, que es el compromiso mínimo que ha firmado, y el tiempo mínimo que debo estar de excedencia, y por muy mal que nos vaya, volveremos a estar como ahora.

He puesto la cita porque me gusta mucho, pero prefiero el consejo que tantas veces me dio mi padre, q.e.p.d.: "No te arrepientas nunca de lo que has hecho, sino de lo que has dejado de hacer".

lunes, 22 de octubre de 2007

De vuelta

Ya estoy de vuelta. He pasado once días en Salvador de Bahía. Otra vez, sí, la tierra de mi familia política, con mis niñas. Mucho descanso, buenos alimentos (gracias, suegra), algo de playa, y muuuucha cervecita gelada. Vida familiar, principalmente, que con la pitufa no se pueden hacer muchos planes juergueriles. Aún así, a Dona Dete le ha tocado hacer de canguro un par de noches. Una cena con los cunhados -Cinara y Màrcio-, José Manuel y Eliana y unos amigos de los primeros que ya son íntimos nuestros, y otra cena en casa de estos, Bruno y Adriana, en su recién estrenada y bonita casa.

Pero hay que volver a la dura realidad, por desgracia. Buscar ropa de entretiempo porque cuando nos fuimos hacía un tiempo fenomenal, y ahora escribiendo esto a las tantas me estoy quedando tieso en mangas de camisa (nota mental: poner la caldera en modo invierno, grrr); retomar el tajo mañana mismo, que uno no sabe ni si almuerza o cena por culpa del jet-lag, y demás vicisitudes cotidianas.

Pero también hay cosas positivas, como la cara de mi madre cuando ha vuelto a ver a la niña (la pequeña, claro), que por cierto, a la hora de dormir se pensaba que era la siesta, y está ahora por aquí con las pilas cargadísimas. Más graciosa cada día. La echarán de menos sus abuelos, tíos y primos brasileños.

Y ponerme al día con mi lista de blogs. Me dice el Google Reader que tengo ¡96! posts sin leer. Lo cual más que ninguna otra cosa me produce ilusión, estoy ansioso por estar al corriente de vuestras entradas. Prometo paciencia para leerlas todas y comentar todo lo que pueda.

miércoles, 21 de marzo de 2007

Salvador de Bahía

Sonando


Estoy pasando unos días en Salvador de Bahía, Brasil, concretamente dos semanas. Es la quinta vez que vengo en dos años para visitar a la familia de mi mujer. Esto tiene una explicación, ya sé que los pasajes de avión intercontinentales están por las nubes; es que Joelma trabaja en la compañía con la que volamos, y nos sale a un precio... digamos que muuuy barato.

Un paréntesis para explicar que lo de Salvador "de Bahia" a los nativos les parece absurdo, es como si se dijese Recife de Pernambuco. Supongo que se empezó a generalizar cuando emergió con fuerza como destino turístico, para no confundir al cliente de agencias de viaje con El Salvador.

Es la primera vez que no venimos solos. Esta vez somos tres, y la pequeñaja se ha acostumbrado a los horarios y al calor sin ningún esfuerzo aparente. No en vano es 50% brasileña, y su padre adora el veranito y el calor. Por cierto, Marina está resultando una auténtica vedette, causa sensación por allí por donde pasa. Ahora recuerdo que debería actualizar su álbum...

Cada vez me gusta más venir, cada vez me siento más integrado y cada vez voy teniendo más claro que este es un lugar ideal como retiro. Por muchos motivos. Por el clima, por los precios, pero sobre todo por el estilo de vida del brasileño, concretamente del bahiano, el natural del estado de Bahía, único estado que de momento conozco. Un estilo de vida similar al caribeño, una forma de entender la vida, más bien. Una filosofía de la vida bien distinta a lo que estamos acostumbrados en el "primer mundo". A propósito de primer y tercer mundo, tendría mucho que decir; ya me he llevado agradables sorpresas al ver que la burocracia funciona muy bien. Hay varias sedes en la ciudad en las que es posible resolver prácticamente cualquier asunto relacionado con la administración, local, estatal o federal, sin salir del edificio. Puedes renovar el pasaporte en una dependencia de la Policía Federal y pagar el recibo del agua en la oficina de enfrente. Práctico a más no poder.

Un par de ejemplos de cómo es por aquí la gente: ayer conduciendo el coche de mis cuñados me metí sin querer en sentido contrario en una calle, en pleno centro de la ciudad (no es ni mucho menos una ciudad pequeña, casi tres millones de habitantes, la tercera de Brasil). Me encontré un autobús de frente y un coche saliendo de un garaje. Pues esperaron pacientemente a que reculara y me reincorporara correctamente, para lo que también colaboraron los conductores que ya usaban la vía a la que que yo pretendía
incorporarme. En parte debe ser por la anarquía que tienen a la hora de conducir, que tienes que echarle un par para coger el volante, sobre todo a según qué horas. Pero a pesar de ello no oyes ni un claxon sonar en el peor de los atascos.

Otro caso: Joelma fue al registro civil central para dar inicio a los trámites necesarios para que Marina obtenga la doble nacionalidad. Llegó fuera de horario de atención al público, pero aún así la atendió personalmente la jefa del servicio. Sin prisa, charlando amistosamente. Antes de marcharse, la señora le propuso intercambiar sus respectivas direcciones de correo electrónico, y le insistió en que se pusiera en contacto con ella para cualquier cosa que pudiera necesitar. Como en España. Igualito.

Y que nadie se engañe, que esa forma de ser no es obstáculo para que el día a día sea tan frenético como en cualquier otra ciudad. Las principales vías comerciales estén a rebosar de gente a las siete de la mañana. Hacen horario intensivo y cierran a media tarde, pero como contrapartida disponen de varias grandes superficies que funcionan las veinticuatro horas. El otro día estaba comprando un colchón a las dos de la madrugada, después de cenar en casa de unos amigos.

Como dato curioso, Salvador es la ciudad más negra del mundo fuera de África, así que aquí resulto de lo más exótico. Pero no termino de acostumbrarme a que algunas mulatas me miren con curiosidad. Porque supongo que es por curiosidad.