Conversación entre mi hijo Daniel, de diez años y mi sobrina Paula, de siete, mientras jugaban a sus respectivas Nintendos:
Paula: Ya no tengo huevos para seguir jugando.
Daniel (escandalizado): Paula, no deberías ser tan mal hablada. Di cataplines, por ejemplo.
Paula: ¿Qué es lo que no puedo decir?
Daniel: Huevos, es una palabrota.
Paula: Es que ya no me quedan huevos en la pantalla que seguir recogiendo, y no tengo más vidas.


