Hace seis días que no fumo. Ya publiqué en un ladrillo anterior mis avatares en la lucha contra el tabaco. Pues me da a mí que, después de varios intentos por dejarlo, y sus correspondientes recaídas, esta es la buena.
Me avisó mi buen amigo, el Dr. José Manuel Valverde, de que comenzaba un taller de tabaco en su centro de salud. José Manuel es el "padre" del protocolo de deshabituación tabáquica utilizado en los centros de salud de Baleares, y posiblemente la mayor autoridad a nivel nacional en la materia.
Hace unos meses me habló de un fármaco para ayudar a dejar de fumar que iba a empezar a comercializarse en Europa. Hasta ahora sólo se podía encontrar en Estados Unidos, y los resultados de éxito de los usuarios están siendo más que alentadores, muy por encima incluso del bupropion, principio activo del fármaco comercializado bajo el nombre de Zyntabac, y producto estrella hasta ahora. Por cierto, ahora me he enterado de que se empezó a utilizar como ayuda para dejar de fumar por casualidad, porque originalmente era un ansiolítico, y se descubrió que había pacientes que habían notado menor adicción a la nicotina. Se le cambió el nombre, se subió el precio, y negocio redondo.
Estoy hablando de una maravilla cuyo nombre comercial es Champix. El principio activo es vareniclina, y actúa directamente en la parte de las neuronas donde lo hace la nicotina. He empezado a tomarlo hace unos diez días, y desde la primera dosis empecé a notar que me apetecía menos fumar. Durante los primeros día se simultanea con el tabaco, y hay que fijar un día "D" para dejar de fumar. El grupo de tabaco del que formo parte, y dirigido por el Dr. Valverde, tenía el pasado domingo 18 su día "D", y desde entonces no he fumado ni un solo cigarrillo, ni creo que vuelva a hacerlo. Vale, seré honesto, encendí uno que le gorreé a un amigo, pero con fines puramente científicos. Y confirmé que no me sabía a nada, así que di dos caladas y lo apagué.
Ahora viene lo difícil, porque dejarlo está siendo relativamente bastante fácil. No volver a recaer es la cuestión, y en eso se van a centrar las últimas sesiones de la terapia. Pero estoy muy concienciado y motivado, y no puedo volver a fallarme ni fallar a quienes están confiando en mí.
Nunca olvidaré la cara de satisfacción de mi hijo cuando le dije el otro día que ya no fumaba. Esa imagen debería ser más que suficiente para vencer cualquier tentación.
Me avisó mi buen amigo, el Dr. José Manuel Valverde, de que comenzaba un taller de tabaco en su centro de salud. José Manuel es el "padre" del protocolo de deshabituación tabáquica utilizado en los centros de salud de Baleares, y posiblemente la mayor autoridad a nivel nacional en la materia.

Hace unos meses me habló de un fármaco para ayudar a dejar de fumar que iba a empezar a comercializarse en Europa. Hasta ahora sólo se podía encontrar en Estados Unidos, y los resultados de éxito de los usuarios están siendo más que alentadores, muy por encima incluso del bupropion, principio activo del fármaco comercializado bajo el nombre de Zyntabac, y producto estrella hasta ahora. Por cierto, ahora me he enterado de que se empezó a utilizar como ayuda para dejar de fumar por casualidad, porque originalmente era un ansiolítico, y se descubrió que había pacientes que habían notado menor adicción a la nicotina. Se le cambió el nombre, se subió el precio, y negocio redondo.
Estoy hablando de una maravilla cuyo nombre comercial es Champix. El principio activo es vareniclina, y actúa directamente en la parte de las neuronas donde lo hace la nicotina. He empezado a tomarlo hace unos diez días, y desde la primera dosis empecé a notar que me apetecía menos fumar. Durante los primeros día se simultanea con el tabaco, y hay que fijar un día "D" para dejar de fumar. El grupo de tabaco del que formo parte, y dirigido por el Dr. Valverde, tenía el pasado domingo 18 su día "D", y desde entonces no he fumado ni un solo cigarrillo, ni creo que vuelva a hacerlo. Vale, seré honesto, encendí uno que le gorreé a un amigo, pero con fines puramente científicos. Y confirmé que no me sabía a nada, así que di dos caladas y lo apagué.
Ahora viene lo difícil, porque dejarlo está siendo relativamente bastante fácil. No volver a recaer es la cuestión, y en eso se van a centrar las últimas sesiones de la terapia. Pero estoy muy concienciado y motivado, y no puedo volver a fallarme ni fallar a quienes están confiando en mí.
Nunca olvidaré la cara de satisfacción de mi hijo cuando le dije el otro día que ya no fumaba. Esa imagen debería ser más que suficiente para vencer cualquier tentación.