En la entrada anterior hacía referencia a mi sobrina pequeña. Tiene seis años, y mi hermana y su marido la adoptaron en China. Es un caso excepcional, en todos los sentidos, pero sobresale por su inteligencia. Nos ha dejado a todos con un palmo de narices mil veces con sus salidas, tan impropias de una pequeñaja de su edad.
Mi hermana y su prole se marchan mañana de viaje a pasar el fin de año fuera, y han estado todo el tiempo animando a mi madre para que se fuese con ellos. Además, las niñas la adoran. Se ha excusado siempre, pero hoy, 28 de diciembre y día de los Santos Inocentes en España, día en

el que es tradición gastar bromas a la gente, ha decidido tomarle el pelo un rato a mi hermana. La ha telefoneado y le ha dicho que se lo ha pensado mejor, que se ha animado y le ha pedido que consultase si todavía estaba a tiempo de conseguir un pasaje de avión y reserva en el hotel. Mientras buscaba las reservas con el auricular todavía en la mano, ha reparado en la fecha que era y se lo ha contado a mi cuñado y las niñas. En eso que la peque le arrebata el teléfono a su madre, y sigue esta conversación:
S: Abuela, yo quería que vinieses con nosotros -con una voz tan compungida que encogía el alma -.
C: Es que ya no me da tiempo de conseguir billetes y...
S: Pues entonces me quedo contigo - casi rompiendo a llorar-.
C: (Con un nudo en la garganta) Ay, mi niña, que no puede ser, que cuando volváis, si quieres, te vienes conmigo un fin de de semana ¿vale?
S: ¡Que nooo, que era bromaaaa!
Dice mi hermana que estuvo todo el tiempo mordiéndose los labios para aguantarse la risa. Paró la broma porque ya no se pudo aguantar y empezó a partirse la caja, que si no, hubiese conseguido hacer llorar a la inocente de su abuela.