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domingo, 3 de junio de 2007

Recaída

He recaído. Volví a engancharme al tabaco hace unos diez días. No he tenido la firmeza suficiente, y en un momento de debilidad pedí un cigarro, sabiendo que estaba perdido. La excusa fue un momento de nervios (explosión, más bien) que no viene a cuento contar, porque no tengo justificación alguna. Pero sigo luchando, tengo confianza en la victoria final, con ayuda de mis amigas las pastillas, Champix, que recomiendo a todo el que esté determinado a poner fin a la maldita dependencia tabáquica.

Reconozco que me da cierta vergüenza reconocer que he recaído y que el maligno me ha ganado un pulso. Sólo un ex fumador o quien esté pasando por intentar dejar de fumar puede saber de lo que hablo.

Me he marcado mañana lunes como el nuevo día para dejarlo. Y estoy muy motivado, y cabreado, y enrabietado.

viernes, 23 de febrero de 2007

Ya soy un ex-fumador

Hace seis días que no fumo. Ya publiqué en un ladrillo anterior mis avatares en la lucha contra el tabaco. Pues me da a mí que, después de varios intentos por dejarlo, y sus correspondientes recaídas, esta es la buena.

Me avisó mi buen amigo, el Dr. José Manuel Valverde, de que comenzaba un taller de tabaco en su centro de salud. José Manuel es el "padre" del protocolo de deshabituación tabáquica utilizado en los centros de salud de Baleares, y posiblemente la mayor autoridad a nivel nacional en la materia.


Hace unos meses me habló de un fármaco para ayudar a dejar de fumar que iba a empezar a comercializarse en Europa. Hasta ahora sólo se podía encontrar en Estados Unidos, y los resultados de éxito de los usuarios están siendo más que alentadores, muy por encima incluso del bupropion, principio activo del fármaco comercializado bajo el nombre de Zyntabac, y producto estrella hasta ahora. Por cierto, ahora me he enterado de que se empezó a utilizar como ayuda para dejar de fumar por casualidad, porque originalmente era un ansiolítico, y se descubrió que había pacientes que habían notado menor adicción a la nicotina. Se le cambió el nombre, se subió el precio, y negocio redondo.

Estoy hablando de una maravilla cuyo nombre comercial es Champix. El principio activo es vareniclina, y actúa directamente en la parte de las neuronas donde lo hace la nicotina. He empezado a tomarlo hace unos diez días, y desde la primera dosis empecé a notar que me apetecía menos fumar. Durante los primeros día se simultanea con el tabaco, y hay que fijar un día "D" para dejar de fumar. El grupo de tabaco del que formo parte, y dirigido por el Dr. Valverde, tenía el pasado domingo 18 su día "D", y desde entonces no he fumado ni un solo cigarrillo, ni creo que vuelva a hacerlo. Vale, seré honesto, encendí uno que le gorreé a un amigo, pero con fines puramente científicos. Y confirmé que no me sabía a nada, así que di dos caladas y lo apagué.

Ahora viene lo difícil, porque dejarlo está siendo relativamente bastante fácil. No volver a recaer es la cuestión, y en eso se van a centrar las últimas sesiones de la terapia. Pero estoy muy concienciado y motivado, y no puedo volver a fallarme ni fallar a quienes están confiando en mí.

Nunca olvidaré la cara de satisfacción de mi hijo cuando le dije el otro día que ya no fumaba. Esa imagen debería ser más que suficiente para vencer cualquier tentación
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domingo, 3 de diciembre de 2006

No es nada fácil

Sigo luchando contra el maligno. Había comentado en un ladrillo anterior que el día "D" que me había marcado el médico que dirige el taller de deshabituación tabáquica era (debería haber sido) el 19 de noviembre. Iba a dejarlo a pelo, con un par.

Empiezo el lunes 20 con una confianza que me sorprendió. Y eso que estaba concienciado, pero aún así, no creí que fuera a verme tan motivado. Tenía que hacer unas gestiones en el centro, volver a casa, comer e irme al curro. Hasta aquí, de maravilla, dadas las circunstancias. Técnicas de relajación en momentos de mayor debilidad (respiraciones profundas para los profanos) y listo.

Empiezo el turno de tarde en la oficina. Yo solo. Muy solo. Elegí un mal día para dejar de fumar. Recuerdo las clases en la terapia: cualquiera puede ser un buen día, siempre habrá una situación que bla, bla, bla. Respiraciones profundas. Mi oficina sirve de pasillo para acceder a otras dependencias de la empresa. Tiraron la casa por la ventana en la última distribución de espacios, y los jefes pensaron que qué mejor que emplear una oficina entera como pasillo, total si cambiamos este armario de sitio, los ambientes quedan separados. Muy práctico, y te pasas todo el puto día saludando. A las tres horas de empezar el turno pasa uno que fuma.

Superé la tentación, como un machote.

A las cuatro horas pasa otro que fuma. Mi marca. Cuando lo veo me entra un escalofrío. Recorre la oficina-pasillo de izquierda a derecha. Resisto. Resisto. Me quedan dos metros para perderlo de vista, y no aguanto más. O le pido un cigarro o mato al siguiente que entre y no me salude, o que me salude, o que me hable del tiempo, pero hubiera matado a alguien. Y le pido un cigarrito, todo sea por salvar una vida.

A los dos días tenía cita con el médico. De diez que empezamos sólo estaba yo. Creo que uno o dos que lo dejaron sin esfuerzo al principio de las sesiones, porque su nivel de adicción era leve, pero el resto tiró la toalla. Quiero dejarlo, entre otras cosas porque se lo he prometido a mi hijo, y no debería fallarle; porque querría que fuera un homenaje a mi hija, que viene en camino; y por muchos otros motivos que todos os podéis imaginar. Pero los dos que he enunciado me motivan más que cualquier otro.

Y sigo animado. Con chicles de nicotina. Para un adicto como yo la dosis debería ser de 8 a 10 chicles al día, y con 4 o 5 voy pasando la mar de bien. Creo que lo lograré. Si no, siempre me quedará el nuevo fármaco que se ha descubierto, que por lo visto elimina el síndrome de abstinencia.

Aunque ahora que lo pienso, aún no se comercializa, así que me toca seguir mascando chicles.

jueves, 2 de noviembre de 2006

Deshabituación tabáquica.

Es tarde, casi las 2:00 de la madrugada de un día festivo, he dormido hasta tarde por la mañana. Acabo de volver del balcón de fumarme un cigarro. Es una de las tareas que tengo encomendadas esta semana en el taller de deshabituación tabáquica que estoy haciendo, organizado en mi centro de trabajo. Entre otros compromisos para la semana, tengo que elegir un sitio de la casa para fumar, a ser posible no muy cómodo.
Es mi tercera intentona, y estoy con el mismo entusiasmo que las otras dos veces anteriores, lo cual no debería significar nada, pero parece que está demostrado que el que ha recaído varias veces tiene más probabilidades de éxito. Supongo que porque has "entrenado" antes y conoces de antemano lo que va a suponer el síndrome de abstinencia.
Hay muchos motivos para querer dejar de fumar. Pero el que más pesa es el hecho de no ser dueño de tu vida. Me fastidia mucho ser esclavo de un veneno. Ser esclavo de algo beneficioso, aunque fuera sacrificado, sería otra cosa, pero es que estás dominado por algo nocivo, caro, y antisocial. Y lo peor es que no me duelen prendas en reconocer que me da pavor pensar que voy a prescindir de ello.
La última semana de la terapia se decidió que el dia "D" será el próximo domingo 19. Me aterroricé por un momento. Espero que las técnicas de relajación que creo que nos tienen que enseñar sean efectivas, porque de lo contrario, si te cruzas conmigo en los días siguientes, cámbiate de acera.
Aunque tengo mucha confianza en lograrlo, entre otras cosas porque el autor de la guía de deshabituación tabáquica del IBSALUT (organismo competente en salud en Baleares), el Dr. José Manuel Valverde, es un buen amigo mío.
Si hay alguien interesado en dejar de fumar, o en viajes, o fotografía, o repostería, o un montón de cosas más, pinchad en el vínculo.