Pero me toca jugar al juego, como a casi todo hijo de vecino, y he de reconocer que este año la Nochebuena la he disfrutado mucho. Hemos sido los de siempre, sólo ha faltado mi enana, que como ya saben los habituales vive en Brasil con su madre, y el ambiente ha sido francamente majo. Buenas conversaciones, buen humor, muchas risas y la interacción cada vez mayor con los peques, mi hijo y mis sobrinas, que se hacen mayorcitos y permiten que no haya que estar todo el tiempo pendientes de que no hagan trastadas. Aun así, la menor aún conserva casi toda su inocencia (lo de casi da, no para un post, sino para un blog entero) y haber tenido la oportunidad de verla cuando ha descubierto que Papá Noël ya había dejado los regalos en la terraza es algo que no se paga con dinero. Algún día hablaré de ella, ya que mi hermana no se decide a abrir un blog.
Además, como guinda, la madre de mi hija ha solucionado por fin el problema que tenía con la web cam y hemos podido hablar por vídeo-conferencia con ella. No la veía desde hacía casi dos meses, desde que regresé de allí sin billete de vuelta, y ha sido mi mejor regalo de Navidad. La semana que viene cumple dos años.
Y como creo que desear el bien de tus amigos no tiene nada que ver con el espíritu navideño, os deseo a todos que os divirtáis todo lo que podáis y que el año que viene trabajéis menos, ganéis más y seáis muy felices.
Os dejo con Elvis cantando "Blue Christmas" en el Comeback Special de 1968. No me diréis que no es mejor que el de los peces que beben y beben, y vuelven a beber.